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01 abril, 2017

Martín Kohan - Bahía Blanca (2012)

Me gustó, pero un poco menos de lo que estaba a espera.

En las primeras páginas me parecía tener en manos otra novela en clave de absurdo, de ellos con narrador de "yo me hago el estúpido y cuento muchas cosas que a nadie le interesan, hasta fastidian un poco y en el medio escondo las ideas buenas y pongo en cuestión las cosas que se asumen por reales". Hay varias maneras de hacer esto, a lo humorístico por ejemplo, o a lo irónico. Pero esa primera impresión es engañosa, no tiene nada que ver con lo absurdo. El relato oscila entre lo que se podría clasificar policial, realismo, novela meta-ficcional.
Está escrito en primera persona, cosa que me trajo a la miente las autoficciones/diario-ficciones de Mario Levrero o Enrique Vila-Matas, también César Aira y Pablo Ramas encaran desde el yo o a través del yo para transmitir de forma intima y subjetiva el asunto de lo escrito y al mismo tiempo investigar donde termina la realidad del yo y donde empieza la ficción (son estos de los que me acuerdo porque no leí otra cosa últimamente).
Se introduce la ciudad de Bahía Blanca, una ciudad con adjetivo, como Buenos Aires o Monte Hermoso. Bastión de militares, de católicos, del frío y más general, de lo feo. Además repleta de símbolos patrios, arquitecturas del poder, el trazo del tiempo colonial con sus avenidas, calles laterales, parques, una plaza central con teatro, cañón y catedral.
El protagonista, Mario Novoa, es investigador en literatura y al igual que el autor es profesor en la UBA. Cuenta en su diario la operación dispersarse, distraerse, su objectivo es no pensar en nada, o en todo pero entonces superficialmente, pasar a otros temas. Y para ese fin, la ciudad de Bahía Blanca le parece adecuada. El porqué de esta obsesión solo se revela más adelante. Tiene sueños recurrentes con un león plateado al que tiene que enfrentar en pelea, no puede evadir. Más tarde sabemos que ese león se parece mucho al logotipo de la marca de coches Peugeot.
Consiguió una licencia de su trabajo en la universidad de Buenos Aires, a través de los huecos en la burocracia académica, y con la excusa de efectuar una investigación sobre Martínez Estrada (del que el narrador sobre todo admira su habilidad para cambiar de tema pero nunca leyó nada). (Yo no sé nada sobre Martínez Estrada, pero tengo la certeza que esta novela está llena de referencias y paralelismos).
Se pone a deambular por la ciudad buscando evadirse, disiparse perder concentración, conoce a un vecino, a la chica del locutorio donde regularmente va a borrar el correo electrónico spam que recibe. Conoce también a una catequista que acostumbra tocar en su puerta con sus colegas y hablar de las tentaciones, remordimientos (eso que lo perdió a Edipo Rey antes incluso de cometer su crimen) pero Mario Novoa aclar que rechaza estos remordimientos inducidos. Y le hablan de la paz y la salvación que Dios provee y conoce también a una prostituta en el puerto de Ingeniero White (otra localidad de atributo "blanca"). Las tres mujeres parecen fundirse en una sola. Hay cierta obsesión con aquello que no se puede ver o tocar (mujer, computadora, dinero en la caja automática), como ocurre en Fuera de lugar, su otra novela. En las dos novelas se exploran espacios periféricos de la Argentina, puertos, fronteras, el sur, el oeste, el litoral, etc.
Otro paralelo que encontré es que se menciona a la caída de la Unión Soviética como ejemplo de un cambio de circunstancias (eso que el protagonista tanto anhela). En Fuera de lugar es la globalización y el mercado de consumo que se abre en la antigua URSS y que se siente hasta en la provincia argentina, en Bahía Blanca es solo un ejemplo imaginado de las transformaciones que podrían inferir en responsabilidades personales del protagonista.
"Un poco a la manera de aquel famoso astronauta soviético al que puso en la órbita la URSS, y orbitaba todavía con su nave con hoz y martillo cuando sucumbió  el proyecto de socialismo en un solo país (..) y no existía por ende ya en la tierra ninguna nación, ninguna entidad, ninguna potencia, ninguna oficina dispuesta a bajar al astronauta a la tierra para traerlo de  nuevo a casa (y es que «casa» es lo que no existía más).
¿No podría quedar asimismo yo, olvidado de las administraciones, huérfano de cualquier burocracia, librado a la orbitación perfectamente quieta de mi vida en esta casa?"
Es solo un ejemplo, no adelanta la narración, pero ofrece una oportunidad de pensar lo "póst-nacional" en otros términos. De que forma el espacio en general (la ciudad etc.) y el estado nacional contienen o determinan a la acción individual? En que modalidades se sienten los efectos de la así llamada globalización y desterritorialización del imaginário nacional? (o eso que se refiere como amenazas de lo real).

Acaba el mes en Bahía Blanca y las circunstancias le obligan a volver a Buenos Aires. El casual encuentro de un viejo amigo justo ahí, parece una conspiración del destino. Le sigue una confesión de un crimen cometido. Igual ya se anunciaba que algo había hecho. La narración del diario (del protagonista para si mismo) falla en fomentar el ansiado olvido y en hacer pasar el tiempo y la escritura sirve como confesión.

Vuelve sin entusiasmo a su trabajo donde da clases siempre sobre los mismos temas: la disolución contemporánea del sujeto, la crisis de la noción de la verdad, la historia como narración, la genealogía de la moral.

Un alumno de Maestría le escribe preguntándole cosas de las lecturas que se hacen de Crimen y Castigo de Dostoievski, sobre la relación entre literatura y vida (político-ideológica, discurso, psicoanalítica o filosófica). A pesar de responder que no es referente en el tema, que no tiene tiempo de responder, que no le interesa, o que "sí, sí" el alumno no se cansa de mandar e-mails en que las temas que alude a temas que están aludiendo a la propia situación del profesor.

Y la novela se transforma. En un estilo que es mezcla rara entre contar cosas con demasiados pormenores hasta casi aburrir y luego dejar caer unas pistas que levantan el vuelvo de la narración policial y psicológica.

Mientras que en la primera mitad de la novela se notaban las datas en el diario y las temporalidades en general, por ejemplo en la música, deporte, tecnología, en el amigo que de profesión es "continuista" (cine) y las cosas pasan porque acontecen, pero también porque van quedando atrás, por cronología, por inercia de la resignación, en la segunda mitad es el espacio el eje dimensional principal. [El amigo continuista comienza hacer su propia película en la que se centra sobre el desmantelamiento de las lineas ferroviarias (o sea cuando el espacio volvió a ser más grande y a hacer la estación un museo muerto, el tiempo se detiene?].

Las anotaciones del diario se substituyen por nombres de calles, direcciones "Juncal y Coronel Díaz". Se siguen descripciones de Buenos Aires hiperrealistas, (ecfrases se dice?), donde el protagonista de manera neurótica, enumera detalles, nos cuenta que marcas tienen las zapatillas de la gente que corre para alcanzar un colectivo del que nos cuenta los colores, el número, etc. Las publicidades, las músicas, los ruidos. El trazo urbano que no invita a uno de desplazarse de A a B, sino más bien a pasear. En la ruta ya es distinto, es un reino de velocidad, una forma de progreso. La percepción y las secuencias me recuerdan mucho a Juan José Saer del que leí Nadie, nadie, nunca.

El resto de la novela es de tipo policial, por eso no voy a revelar aquí.
Si bien no hay visibilidad de su culpa, Mario Novoa tiene la consciencia de culpado, igual que o boxeador es boxeador de por vida, el se quedará de por vida así. Y al final no sabemos como sigue la historia. Será que las casualidades y descuidos conspiran, como cuando al protagonista le avisan que perdió sus documentos cerca del lugar comprometido, o es que no se resistirá a la presión psicológica (emails). Se insinúa que le parece el contra-golpe como única solución, pero eso ya es cuestión de las conclusiones del lector.


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