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18 mayo, 2017

Gabriela Cabezón Cámara - La virgen de Cabezas (2009)



Estoy a full en la literatura de las villas y de lo post-1989. De esta corriente me faltan leer unos importantes, como las novelas de Washington Cucurtu, Dalia Rosetti, Carlos Gamerro y keres cojer? = guan tu fak de Alejandro López y algunos más, que hasta ahora no consigo acá en Lisboa. La próxima lectura va a ser Vivir afuera de Fogwill. [Ahora que proliferan estas historias sobre "los excluidos" me cuesta creer que antes se escribía solo sobre los exitosos, normales, blancos, heteronormativos, etc.]

Es un libro bastante diferente de los que tengo leído por ahí. Después de los primeros capítulos ya lo quería dejar - por más que me cae bien lo queer, no me terminan de gustar la cumbia (arrgghhh) ni los Santos y ya leí suficientes violaciones y asesinatos en las últimas semanas. Cosas del estilo "sí, el cura me cogió cuando tenía 13, pero no es mala persona, yo también tenía ganas." Me dio asco y me aburrió un poco. Pero después me comenzó a gustar la historia de Qüity, que como periodista clase media se fue acercando a la villa y haciéndola centro de su vida, adoptando al nenito Kevin y enamorándose de Cleo. Cuenta la historia Villa-masacre-Miami. Creo que la ironía y el humor de la autora le van dando la credibilidad - o algo parecido- que me faltó en los primeros capítulos. Tiene un humor especial, me entretuvo bastante. Por ejemplo aparecen estampillas de ácidos con la imagen de la Virgen, o cuando Cleo reza, La Virgen haba en español medieval-cervantino de España y Cleo adapta su criollo rioplatense: "Ah.. sí, tenéis razón, si seré boluda, perdón, gilipollas, tenemos que llamar a un ingeniero. Gracias, Virgencita, qué buena que sos ¡encima pensáis en todo!". ¿Vistes?.

La historia transcurre en la villa El Poso, al norte de Buenos Aires, al lado de la autopista, cerca del Nordelta y Newman. La vida de la villa es muy violenta, casi nadie supera a los 30 años de vida sin ser alvo de un tiro de la policía, cuesta creer, pero es verdad, para los que ni documentos tienen a pesar de ser la 4ta o 5ta generación en el terreno, la vida nomás puede llegar a ser así. La novela muestra maneras de supervivencia (absurdos), como la de robar carpas en el Jardín Japonés de Palermo para llevaras a la villa donde se reproducen y sirven de carne de parrilla para alimentar la banda. Narra modelos "alternativos" de familia, como la del dueño del supermercado chino que manda comida y juguetes chinos aunque desmiente cualquier paternidad, las tías, abuelas, padrinos, etc. Después de todo, la Virgen también tuvo a su hijo sola. Pero o que más interesa no es la descripción "etnográfica o sociológica" de la villa - eso lo hacen estudiantes y ONGs y CrónicaTV que están igual de presentes que la policía con sus cameras y helicópteros y los cafishios que prenden fuego a las nenas que intentan huir. Por un lado, me pareció estar frente una creatividad sin igual metida en lenguaje "baja" y cumbiera. ¿Vistes? Por otro lado, hay partes, las de la opera de cumbia me las salteé, no me gusta y punto. [En cambio me gustaría ver la opera que hizo Ricardo Piglia de La ciudad ausente].
Todo la novela se impregna de una semántica de la fe. Por ejemplo, cuenta Qüity, "la hostia me decepcionó como años más tarde me decepcionarían las drogas, aunque insistí más con la merca que con Dios. Cuestión de lecturas: durante bastante tiempo me resultaron más accesibles los Beatniks que San Agustín.". Qüity y Cleo terminan en Miami, obvio. Para Qüity, que tiene una cosa clase media, periodista, o hasta académica y un loft en Palermo, el sueño de la comunidad, de la producción de comida, de las cenas en mesas improvisadas de 100 metros ya se vio amenazada antes del aviso de "realojamiento" y de las promesas de unas viviendas en La Matanza. Su sueño del pueblo unido se vio invadido por una duda, será que las ratas son capaces de organizarse? «Si el  pueblo unido no tiene mucha conciencia de su fuerza unida, qué pueden saber un montón de ratas unidas», me decía. Ese pensamiento tampoco me dejaba dormir: alguna conciencia teníamos nosotros, como las ratas tienen olfato.   

Florida, los countries, la villa, todo eso pueden ser pensados como paraísos. La amenaza del paraíso villero no es el pecado, son los negocios inmobiliarios, ejércitos con ametralladoras, topadoras y bulldozers. De alguna manera los villeros lo presienten, esa inminencia del Fin, es eso que les hace festejar con Reggeaton y Fernet-Coca y merca como no hubiese mañana. Cleo cree en que se acercan tiempos de cataclismos y catástrofes, crisis y hambre, que primero se va a cortar la luz. 
Y no van a funcionar los celulares, ni las computadoras, ni Internet, ni los motores que suben el agua a  los edificios, ni nada. La guerra contra el Islam nos va a dejar sin nafta y los autos abandonados nos van a dejar sin caminos. No va a haber shoppings ni televisión ni ninguna forma de comunicarse más que la de los radioaficionados, que  es lo que vos te tenés que aprender ahora, mi amor. No va a haber remedios. Ni comida frizada. No sé si entendés el desastre que te estoy contando. Acá en casa hay un generador electrógeno, provisiones, combustible, armas y comida en lata como para cinco años. Vos lo sabés mejor que yo, el búnker lo armastes vos. Yo te agregué las gallinas y la huerta y Helenita construyó el nuevo estanque en el medio de todo porque pura lata no es una alimentación saludable..   
Esto me acuerda de Un futuro radiante de Pablo Topkin y otros tantos apocalípticos. Las temporalidades son diferentes en la villa, - hay unas lineas muy interesantes de cuando cavan un foso para extraer agua de la napa para su estanque de piscicultura, y llegan arqueólogos y estudian las capas de mierda y huesos en la arcilla - las vidas más cortas y con cada temporal se vuelan y se lavan mitades de casas de los que no quedan rastros, es por eso que siempre parecen construcciones bastante recientes. 

Al final le doy un más o menos. Me gustó, pero algo le faltó como para ser una novela que recomendaría con ganas. No me gustó eso de que al final las dos escriben un libro y también me faltó algo de introspección al carácter de Cleo.

P.D. Llegué a este texto a través de un artículo de Paola Cortés-Rocca que tiene unos apuntes interesantes sobre villas y animalidad en la política y estética contemporánea. 

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