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09 julio, 2019

Mario Levrero - Fauna (1979/1987)


Bueno, pues, me acabo de leí Fauna, uno de los dos relatos contenidos en este volumen. Es muy similar a otros relatos del autor, tanto que me pregunté si no había leído ya y lo estuviera leyendo ahora por segunda vez sin darme cuenta. Es bastante simple, linear en el tiempo. No me gustó demasiado, pero es leíble.
El relato comienza con una escena muy tìpica para el autor: suena el telèfono e interrumpe un sueño profundo e interesante, resultando en un sueño atragantado, tan malo como una indigestión. 
Para Levrero/su personaje protagonista (a veces parece que coinciden; este relato, como todos (?) está narrado desde una primera persona, sin nombre ni demasiados detalles, aparte de que tiene cerca de 40 años, trabaja en un quiosco de cigarillos y se entretiene por las noches con juegos electromecánicos (flipper)) tocar el timbre o llamar antes de las 5 de la tarde es un claro intento de fastidiarlo). Es una chica rubia, personificación de los sueños de él que pide verlo inmediatamente porque necesita ayuda parapsicologica. Al cabo de una breve conversación, la chica le da dinero y propone que vea urgentemente a su hermana Flora, una "histèrica" y sugestionable que se niega a tratarse con un psicoterapeuta, y que está a ser manipulada por un cierto Monsieur Victor, estafador. 
Y él intenta a hacer eso. No voy a revelar más. 
 
Tambièn de Levrero encuentran aquí reseñas de los cuentos La máquina depensar en Gladys y de la Trilogia Involuntaria.

02 enero, 2018

Mario Levrero - La máquina de pensar en Gladys (cuentos) (1970)


Pienso que Jorge Mario Varlotta Levrero es maestro de las formas breves, mas que de novelas. Esta es una colección de cuentos de la época en que Levrero estaba en sus veintes a finales de la década de los 60. Estaría muy bueno poder ilustrarlas. Me vino bien este hallazgo porque tengo poco tiempo de leer, así leía uno o dos por día antes y después de trabajar.

La máquina de pensar en Gladys 

En este primero cuento corto o micro cuento, homónimo al libro, se anuncia la temática o el género de Levrero (reconocible y recurrentemente se tratan los temas del hogar imposible o de las intenciones y deseos frustradas). Me gustó.

Es la calle de los mendigos

El protagonista desarma un encendedor, cuento buenísimo, parecido a aquel cuento del zapallo de Macedonio Fernández. No quiero revelar más.

historia sin retorno no. 2
El protagonista no se puede librar de un perro molesto. Es otro micro cuento muy simple y bueno, parece una alegoría o fabula.
 
Casa abandonada
Ya había leído este cuento antes. No me gustó tanto por ser más fragmentado en escenas, pero no está mal.

Gelatina
Muy bueno, es mi segundo favorito del libro. Es un cuento sobre un caso del que nada puede saberse a ciencia cierta. El protagonista sin nombre está, en su confusión de emociones, anhelando la compañía de una mujer, y como siempre se ve trabado en problemas de proximidad-distancia. Igualmente le pasa con sus amigos ("Lo quería al Gusano, pero se me hubiera pegado, después qué hacía con él, todo el tiempo"). Vive en ruinas, entre escombros (cerca de la rambla de Montevideo) y tiene que aprender a dormir a la intemperie y encarar el día-día cada día de nuevo: ir en busca de dinero, cigarros, alcohol, comida: escapar de las bandas de mujeres violadoras, de la prostitución, evitar los robos o robar él mismo. Su grupo de amigos trata de la organización de supervivencia en un mundo hostil y absurdo y a veces hay rodas de mate. En este mundo hay también bandas de tullidos asesinos. En las ruinas hasta violan a la estatua. Me gustó el toque "surrealista", para ponerle una palabra, no sé como describirlo. Se describen masas de cuerpos y combinaciones nuevas, por ejemplo cuando el protagonista desiste de todo y se deja llevar por inercia:
Fui al borbollón. No para buscar a Llilli, Horacio me había decepcionado, sino para jugar con la depresión. Había descubierto que si no movía los pies la gente igual me llevaba, y a veces el apretujamiento, los pisotones, el manoseo, me producían un placer masoquista, y la emoción del riesgo de caerme, así, con las manos en los bolsillos. En una oportunidad me empujaron contra una vidriera, pero no se rompió; me golpeé un poco la cabeza, después volvieron a arrastrarme.
Es un tipo de humor negro muy personal de Levrero; muestra lo difícil que es no hacer nada mismo frente a situaciones horribles.

El sótano
Es el cuento más extenso de la colección, me encantó. Lo quise volver a leer en seguida para disfrutarlo una segunda vez. Me recuerda a Alice en el país de las maravillas o a los cuentos de hadas. Contado en tercer persona. El nene Carlitos vive en una casa con mil posibilidades, además de corredores, cuartos y el enorme jardín, explora la imaginación y la comunicación. El único punto negativo es el final, que no me gustó. Es una lastima, pero igual así el cuento es mi favorito de la recompilación.

Ese líquido verde
Micro-cuento. Ya me habían contado antes. No puedo decir si me gustó o no porque me faltó el efecto sorpresa. Pero diría que hay mejores.

La casa de pensión
Es un cuento hecho de una sola frase que abarca siete páginas. Tiene lo suyo, pero no me gustó tanto. El protagonista describe la pensión en la que vive.

El rígido cadáver
Cuento muy corto y muy raro, parece que no fue terminado o no lo entendí.
 
Los reflejos dorados
Me gustó. Es simple y de estructura similar a otros cuentos (lo de dentro viene a ser más grande de lo de fuera).

la máquina de pensar    en    gladys
(negativo)
Es un cuento con una especie de lógica al revés que corresponde con el que abre el libro, pero aún así no entendí nada.

01 diciembre, 2016

Mario Levrero - París (1970/1980)


El libro comienza con una dedicación: A la ciudad de París, con las disculpas pertinentes. Prepárese. Un viaje de 300 siglos cansa, y más cuando después de eso se llega a la misma ciudad gris desde que se partió. El protagonista sin nombre/narrador en primera persona sale de la estación de tren (me acordé solo al leer otra reseña, La ciudad finaliza con el narrador entrando en Montevideo en tren y después de casi adormecer en un banco de cansancio y desespero, tomar un taxi y se prepara para conquistar París. Todavía en la estación, escucha una voz que le dice:
"Sin embargo no me parece insensato emprender un viaje para darse cuenta de su inutilidad. Si usted cambia esta naciente desesperación por una calmada desesperanza, habrá obtenido algo que muchos humanos anhelan"
Él torna esto su misión, además de intentar comprender porque esta ahí en esta ciudad contradictoria y si quizás necesita hacer otra viaje y en realidad, ordenar la ciudad, ubicarla en su imaginario. Pero, al igual que en los dos libros que anteceden este, su único motivo es irse de ahí.
Esta tercera entrega de la trilogía involuntaria es todavía mucho más entreverado, loco, imprevisible, el más asfixiante y el más esclarecedor. Como siempre el protagonista anónimo se encuentra desubicado (en no-lugares, heterotopias?), por no tener dinero le meten en una especie de monasterio, o asilo con prostitutas. En principio la entrada es protegida por soldados de gatillo fácil, pero siempre hay más salidas que se encuentran, sin embargo se aferra a el por ser su punto de referencia. En el comienzo, como en los libros anteriores (El lugar y La ciudad) todas las personajes parecen estar ahí para molestarlo o burlarse de él, pero después se despliegan las cosas. Por ejemplo consigue controlar el sueño y soñar despierto, aunque no sin dificultad para salir de ese estado, también consigue volar. Hay una doble identidad, el yo vigilia y el yo sueño y otras duplas (Juan Abel y Pedro Abel; Angeline y Sonia). Están más desarrolladas las referencias "reales", se mencionan varias ciudades, Buenos Aires, París, Carlos Gardel, Hitler, De Gaulle, la objetividad, esa filosofía blanca y negra, propia de autoridades, curas y médicos, que según el protagonista está errónea, pero, ya que emociones no, permite cierta paz. En esta parte (que en realidad no es parte), hay más reflexiones sobre la conexión entre el mundo exterior e interior, sobre el uso de la memoria y sobre la representación ("son baldosas cuadradas, pero yo las veo como flores"). Otra cosa que avanza es la cuestión de las mujeres, mientras en los otros dos libros todas las mujeres son objeto sexual, o objeto de una frustración personal, aquí las mujeres dialogan con el protagonista y lo hacen ver su ridícula relación con ellas. También es la parte más política de la trilogía, por así decir, si en La ciudad mandaba exclusivamente la Empresa, aquí hay guerra, hay una resistencia, hay muchas referencias reales (no solo París y su Barrio Latino, también Buenos Aires, Carlos Gardel) y de ciudades extensas sin nombre con una estructura cuadriculada que la divide en manzanas uniformes.
Me parece tener influencia de Manuel Puig, aunque no sé si Levrero leyó o gustó de Puig, o si tiene algo que ver. Concluyo pensando que es un libro brillante, muy bueno, hasta diría de lo mejor que ya leí por el momento.

28 noviembre, 2016

Mario Levrero - La ciudad (1966/1970)


La ciudad fue escrita en 1966 en Uruguay, o sea antes del golpe de Estado, pero en una época turbulenta. hace ya medio siglo cuando Levrero tenía 26 años. Fue la primera novela que logró publicar, después de tener logrado una mención en un concurso del seminario Marcha. Forma forma parte de la trilogía involuntaria (junto a El lugar y París) aunque no sé si se lee como primera parte o no, dado as diferencias de data entre escritura y publicación.
La ciudad es una lectura fácil, corto y linear, sin saltos en el tiempo, pero igual que El lugar es kafkiano, laberíntico y no siempre obedece a las leyes de la lógica. También aquí nos guiamos por un narrador en primera persona, que no sabe donde está y solo quiere irse, pero mientras tanto le acontecen cosas raras que quizás parecen mas propios de una búsqueda dentro del imaginario personal inhóspito, mas que en el mundo real, aunque Levrero diría que no hay forma de pensar estos dos separados. De noche y con lluvia encuentra una casa abandonada, muy húmeda en la que piensa refugiarse, solo hacia falta ordenar las cosas, adaptar el caos al propio gusto para sentirse en casa. Sale al almacén que recuerda ubicado no lejos, pero se pierde en el camino de tierra y empapadado como está aprovecha el único vehículo que cruza su camino para pedir que lo lleven. Así llega a la ciudad, que en realidad es un pueblo, pero por dentro se revela siempre más grande y compleja de que por fuera. En el camión viajaba también una mujer, Ana, que como todo ahí es muy contradictoria, le excita y repulsa al mismo tiempo. Es recibido muy bien por un empleado de una estación de servicio, igual que en El lugar, todos parecen querer que él se quede, le ofrecen todas las comodidades, pero los libros y los mapas están escritos en otro idioma incomprensible y el protagonista sin nombre, solo quiere irse, o buscar a Ana, pero más que Ana quiere irse. Se ve impulsado también por sus necesidades básicas, solo quiere fumar, comer chocolate, abrigarse. Se encuentra con pruebas, trampas y desafíos, pero nunca sabe si la gente le trata bien o mal, intencionadamente.
En el universo levreriano se mezclan la alienación opresiva con el humor, los paisajes que se atraviesan son desoladísimos, pero presentan detalles curiosos, por ejemplo hay muchos personajes que toman mate, pero no se encuentra nada (carteles, libros) en español, excepto la Biblia. Va visitando los comercios de la aldea donde se encuentra con curiosos personajes que, por ejemplo, juegan como niños en vez de atenderle, le prohíben fumar y en seguida encuentra colillas de cigarros en el mismo sitio. El protagonista se ríe de sus conflictos interiores, sabe que es en vano que se preocupa constantemente por lo imprevisto. Sabe que la tristeza es normal, pero la angustia no. Prefiere pensar que las cosas tienen algún sentido y intenta seguir adelante, irse "a casa", pero su voluntad es contrariada por los personajes que obedecen a reglas sin sentido claro, le hablan también de la existencia de una Empresa y un Reglamento muy importantes y hasta le ofrecen trabajo. Como referencias "reales" aparecen Montevideo y Argentina, mas esta "ciudad" levreriana no tiene conexión clara con os espacios que conocemos.
Por lo que leo y que creo poder comprobar, Felisberto Hernandes y Onetti son influencias patentes y Cortázar y Lewis Carol no son del todo inocente. La ominosa Empresa es lo que sobre todo me acuerda al astillero. Leí (Montoya Juárez) que se le vincula al mundo visual de Paul Klee y De Chirico, mas tarde surrealismo.
Me gustó mucho y me pongo ya a leer el tercero.

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