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19 julio, 2020

Andrés Neuman - El viajero del siglo (2009)



Debe ser mi libro del año 2020. Pensaba que no lo iba a terminar más, pero eso fue bueno, porque me gustó mucho.
Es una novela capaz de recordarte lo extasiantemente bueno que es el enamoramiento y hacer que la muerte de un personaje duela de verdad en el alma del lector.
Son 530 páginas de novelón sin división en capítulos apenas estructurada en cinco partes, de digestión fácil, aunque sin duda podían haber sido más recortados en algunos sitios.
  1. Aquí la luz es vieja
  2. Casi un corazón
  1. La gran manivela
  2. Acorde oscuro
  3. El viento es útil
Estamos en el siglo XIX, en Wandernburgo, ciudad móvil, ficticia desde luego, móvil por así decir porque históricamente le tocaba pertenecer ora a Sajonia, ora a Prusia, más o menos entre Berlín, Dreden y Leipzig, pero también “móvil” porque es laberíntica, las calles parecen nunca estar donde uno las recordaba. Corren más o menos los años 1820 aunque debe entenderse eso también no exacto pero más o menos fluctuante o móvil.

Es primeramente una gran historia de amor, protagonizada por Hans y Sophie. Se incluyen innumerables cartas y billetitos de amor. Las cartas de amor de los dos llegan de formales, juguetones hasta ser tan literales como pueden ser.

Hans el viajero, eterno extranjero, llega ahí en carruaje, se instala provisoriamente en una posada extraña, con costumbres un poco raros y al cabo de unos pocos días decide y no se decide irse, se va quedando como quien no quiere la cosa. Su trabajo de traductor se hace por correspondencia y no le impide viajar y errar por ahí.

No hay telégrafo en Wandernburgo y sus habitantes son bastante antipáticos sobre todo en invierno, aferrados a la tradición, a la etiqueta social, a sus jerarquías de familias, predominantemente católicos. Sin embargo es un sitio simpático, sobre todo en verano, la ciudad captura a Hans el viajero y otros personajes que están de paso, pero no se convencen en abandonarla.Hay en estas tierras instalados fábricas industria textil, explotaciones agrícolas, una burguesía como clase dirigente y los pertenecientes a la iglesia.

Hans conoce y se enamora de Sofía, hija de un burgués ya no tan rico, pero de muy buena familia, y prometida a Rudi Wilderhaus, un joven noble de alto rango. También se hace muy amigo de un músico de calle, un viejo organillero que vive humildemente en una cueva en las afueras de la ciudad cerca del Rio Nulte. Se puede decir que Hans se mueve y traduce también entre diferentes clases sociales.

En la casa de Sophie se organiza un salón literario en que se habla de política, de literatura, música, filosofía, teología, cuyos reuniones semanales se relatan pormenorizados y donde conocemos a los contertulianos uno por uno con sus posiciones y opiniones y asistimos al acercamiento entre Sophie y Hans. Sophie es la moderadora excelente, siempre comedida, conciliadora, provocativa, inspiradora, el alma del salón. Disimuladamente Hans se queda observándola a tráves de un espejo, fascinado por su carácter no solo educado, pero inteligente, bella, dueña de si mismo. Comprende que el único camino de entrar en contacto es a través de su participación activa en el salón, ya que como un simple forastero de pelo largo, birrete jacobino, sin propiedad o rango no puede aspirar en encontrarse con ella solas. Más adelante es ella que toma la iniciativa y consigue la manera de evadir las convenciones bajo el pretexto de una colaboración literaria que emprenden.

El verano que se extiende como un paréntesis, posibilitando reuniones privados y escapadas al campo. El viajero del siglo tiene como eje temático (además del amor) la traducción el oficio del traductor, y de la escritura. La traducción como puente, el amor como traducción. Corrigen, traducen, recopilan, escriben ensayos, leen a Heinrich Heine, Camões y Bocage.

Por momentos parece una novela de educación o de formación (soy adepta del género). Neuman se sirve de un narrador omnisciente, su realismo capta “todo” hasta las emociones del perro y las situaciones miserables de los trabajadores de las fábrica, de los campesinos sin tierra y la doble vida de los sirvientes, o de la hija de la posada. También se incluyen las entradas que hace el padre en su libro del estado de almas.
El viajero del siglo no es lo que se dice una novela histórica, sin embargo explica el contexto de la encrucijadas de situación política de Alemania y Europa y las discusiones sobre narrativa, drama, poesia, filosofía románticas que tuvieron lugar en la época. De alguna manera siento también que todo esto podría suceder de forma no muy diferente ahora en el siglo XXI.

Por ejemplo hablan en el salón de la aparente disyuntiva de idea racional versus emoción, la idea de Europa, las aduanas, de Francia, Napoleón, la restauración, literatura-mundo, siempre vuelven al tema del nacionalismo. Discuten a Kant, Fichte, Herder, Schlegel y Hegel, Novalis, Goethe. Leen a Schiller, Calderón y Quevedo.
Sophie insiste en hablar de la opresión de la mujer pero afirma su feminismo en reflexiones más complexas de simples reivindicaciones o rebeliones.
Neuman logra que el lector concuerda que algunos casos es más sabio y más valiente hacer caso al padre y aceptar el casamiento y solo clandestinamente desobedecer y no huir con Hans. El autor hasta logra hacer que el noble Rudi, futuro esposo que no tiene mucho interés de las artes o de ámbitos sociales por debajo de su nivel social merece simpatía y un poco de pena.

Es impresionante la investigación histórica que debió de hacer Neuman, las revistas literarias, la poesía joven alemana, los libertinos franceses, la censura personajes celebres, acontecimientos, costumbres, nombres de diferentes tipos de carruajes y por ahí fuera (no sabía que se tomaba tanto café en la época).

Para una buena introducción al autor y libro pueden escuchar esta entrevista aquí: #4: Andrés Neuman - “El viajero del siglo”  -->  http://www.ivoox.com/32150018
Muy recomendable.


30 julio, 2018

Martin Walser - Seelenarbeit (1979)


Xaver es chofer privado de Dr. Gleitnitz a quien admira y teme simultáneamente. Después de un largo día manejando de la frontera con Suiza hasta Frankfurt, Duesseldorf y Colonia, Xaver quiere volver a casa y estar con su mujer, pero sus jefes no paran de inventar más urgentes traslados, "ahora llévenos a Munich y después tiene que buscar a un colega de Zurich, y va dormir en el hotel porque al final solo volvemos a casa mañana" así van y vienen toda las semanas por las autopistas del país. El estrés del trabajo hace que sufre de problemas intestinales, pues durante sus viajes no paran para ir al baño y de ningún modo podría pasar la vergüenza de pedirle a su jefe que se detengan, porque, en fin, él es un conductor de excelencia, y aunque sus tripas se han puesto en su contra ya está a punto de explotar, mantiene la sonrisa.
Lamentablemente la tensión narrativa del primero capítulo se va perdiendo. Los personajes no me llegaron, el autor no logró que me interesaron el cuarentón y el cincuentón en su auto, ni sus familias, por ejemplo el cuñado insoportable, orgulloso y mentiroso que vende seguros o el otro que puso mandar a los hijos a una escuela privada en Suiza donde hablan francés.
El fiel y responsable Xaver da vuelta en su cabeza a las hipótesis de tener éxito y fracaso, tenso, revuelve sus conflictos interiores "no debería estar tan tenso, debería aceptar las condiciones, no, no debería aceptar las cosas.. ¿Cuánto se debe esperar de la vida? Hay que pensar en todo lo posible y esperar lo peor?" En fin, se trata de problemas en que cada adulto de mayor o menor medida se puede reconocer, pero el lector pronto nota que el mundo interior de Xaver que siempre circula en torno de las mismas inseguridades sin dar un paso más allá. Es el Dr. Gleitnitz aquí y allá, los intestinos, la distancia que siente de parte de su esposa e hijas. Xaver teme enloquecer porque su imaginación de cómo las situaciones o conversaciones podrían tener terminado no para nunca y al final todo sigue igual... Está trabado entre intención y acción.
Porqué me metí en 300 páginas de esto? ufa, pensé.
Es la eterna e inevitable envidia de la clase trabajadora hacia la clase superior y el odio hacia su comportamiento, mezclado con un auto-odio y "un al final no estoy tan mal, pues tampoco quiero ser como ellos". 
La patria y el hogar parecen ser temas importantes para Walser que vuelve siempre a escribir sobre su pueblucho ahí en la sierra del lago Constanz, sus antepasados de Prusia y el hermano que cayó en la guerra. Para mi es algo bien raro leer una novela en dialecto de Baden-Wuerttemberg e de Baviera, y leer sobre el mismo ambiente de arrogancia, de machismo y malas palabras del que huí. (Se menciona a Augsburgo, donde fui a la escuela, muchas de las referencias a lo largo de las rutas conozco). Había agarrado el libro porque me gustó su titulo y porque me sonaba ese autor como autor serio, aunque no recordaba de donde. Intenté leerlo adaptando una perspectiva más bien "sociológica" sobre el país que adora a sus automóviles y las familias típicas. Y al final, creo, la novela no es tan mala. El humor tarda en llegar a la luz, pero llega. Anoté muchas palabras de vernáculo que mi madre usaba, pero que yo nunca usaría y me fui olvidando. La mujer de Xaver, arquetípo de la buena esposa, campesina e pianista, trabaja el día todo y le sale de manera "natural", y no tiene jefe.
Me faltó cierto placer literario en esta lectura. Aunque no creo que Walser no sepa escribir, él logra una continuidad en el texto, como alguien que escribe mucho, y tiene imaginación y tiene variedad. Retrata los personajes de manera que con pocas frases y observaciones picantes me los imagino perfectamente y parecen siempre coherentes, pero es que con este tipo de personas no quiero tener nada. La manera de ser de sus hijas adolescentes, una Julia rebelde y aventurera, falla en la escuela y la otra, Magdalena, el moralismo en persona que intenta educar a sus padres, es divertida. Pero tampoco me causaron mucha curiosidad, y, excepción hecha del protagonista, ningún personaje se transforma durante la novela, quedan como retratos fijos.
Me gustó que el final de la novela es bueno y malo al mismo tiempo, no es algo muy previsible y no es mérito de Xaver.
En resumidas cuentas diría que no fue un libro en que me sentía "en casa", cosa que más tiene que ver con temas y formas de ver las cosas que con el idioma, aunque también con el idioma. Quizás no tengo edad todavía para leer estas cosas. No sé si intentar con otro Walser o no.

21 julio, 2018

Lutz Seiler - Kruso (2014)



En términos generales diría que Kruso es una novela “de isla” y como tal o se presta para lo utópico, lo erótico, la experiencia excepcional y de aventura. Todo en una isla se opone a lo continental, a lo fijo y cotidiano. Una isla puede parecer un barco, es decir un espacio pequeño, de cierta forma cerrado, pero abierto al mar. El motivo de la isla es apto para escribir sobre sociedades, reales, deseadas, en formación o en miniatura.
Kruso es también una novela sobre refugiados y náufragos (y sobre luto o duelo de los que se quedan vivos) y de esa manera, dolorosamente actual. Es una novela sobre fronteras y espacios liminares, tanto en lo territorial como en lo temporal: ambientada en los meses que antecedieron la caída del muro. Hay muchos espacios ambiguos como el de Edgar.
Un poco antes de comenzar las vacaciones de verano, Edgar Bendler no aguanta más en su casa y viaja a Hiddensee en el mar báltico donde se busca un trabajo de temporada. Lo emplean de muchacho para lavar la loza, plonguer. El ex-estudiante de literatura, Edgar, no escucha noticias, no registró su domicilio en la isla, está dentro y está fuera del país, medio legal medio ilegal.
Para mi esta novela fue un gran hallazgo, la disfruté muchísimo. Pero creo que no a todos les va gustar igual que a mi. Pido perdón desde ya si me desvío del tema pero voy a meter cosas personales para explicar. Para mi, un libro es bueno, cuando conecta con algo personal, por lo tanto ese “bueno” es desde luego un criterio muy subjetivo. O te toca por dentro o no te gusta para nada. No me da para escribir sobre la novela de forma objetiva. O quizás simplemente soy susceptible para las novelas “de juventud” con protagonistas que se tornan adultos.
En la isla que tiene forma de un caballito de mar, Ed conoce a la tripulación, muchos de ellos educados en humanidades y algunos personajes medio locos. Se citan Trakl, Rimbaud, Artaud, Defoe, Dostoievski. El restaurante es un barco que se mueve sobre la arena que es objetivo de erosión. Junto a Kruso, otro poeta, Ed mete las manos al agua y pasa el día fregando platos que se ahondan como barcos en la sopa de restos de comida, grasa, productos de limpieza y pelos. Poco a poco conoce a la isla, los otros restaurantes, las playas, las torres de vigilancia de los militares. En eso, por lo que leí por ahí, la novela tiene algo de autobiográfico.
Es una novela sobre la libertad y en muchos sentidos (desde el principio Ed desconfía de la ingenuidad y romantización de los jóvenes hippies bronceados por el sol que vienen a la isla porque quieren escapar un rato del control de la escuela y los adultos del la RDA y emborracharse entre sus iguales y se entretienen con los rituales espirituales del camino de la iluminación interior) y sobre el amor y la dependencia, el amor erótico y sobre todo el deseo de encontrar un hermano. Ni son los hippies los más libres, ni los militares los más malos.
Rodeada de la tripulación y de los visitantes, Ed está cada vez más feliz, y llega a enamorarse, hay numerosas alusiones e insinuaciones a una cierta homosexualidade y hay unas escenas con chicas hippies que lo llevaron al autor ganar un premio literario que irónicamente celebra la peor escena de sexo. Pero Ed no solo se enamora, se entrega y se ofrece incondicionalmente, desea ser como su ideal que es fuerte, bronceado, confiante, representa lo que Ed carece, a Ed me lo imagino pálido, escuálido y tímido. Hasta llegar el momento en el que él tiene que ser la parte fuerte.
La prosa de Sailer es linda, muy linda. Muy concentrada en detalles que funcionan para criar imágenes fuertes en vez de contar de manera aburrida. Este inmenso cuidado con el lenguaje me causó una efecto similar que O meu irmão de Afonso Reis Cabral, leer con todos los sentidos abiertos.
Otro grande insight personal de esta lectura incide en que el alemán también es un idioma bonito. Aprendo/me acuerdo de palabras que olvidé hace mucho tiempo, que lindo suena, por ejemplo, la palabra: Äonen. Mucho me suena un poco a anacronismos, mas es porque hace mucho no hablo ni leo alemán. Como se traduce sin notas al pie? E un libro para leer con una hoja de apuntes al lado a pesar de tener un estilo muy fácil y llevadero. Por ejemplo, describe al protagonista intentando de mantener “la hoguera” de su conversación consigo propio, porque es lo que mantiene a Ed cuerdo en un momento duro, como las conversaciones con un zorro muerte en una cueva en la playa y al final también su libreta de apuntes/diario. O cuando en las horas pico la tripulación entona su "himno" sobre la luna y el hombre que van juntos atraídos por el mar. Un poema holandés lindísimo (https://nl.wikipedia.org/wiki/Melopee), si alguién encuentra una traducción al castellano que me avise, por favor.
Las novelas, cuando son así de buenas, pasan de ser novelas de leer en el metro o antes de dormir y pasan a ser novelas de café. Las divido en pequeñas porciones, las leo despacio para tenerlas más tiempo, procuro estar bien despierta y concentrada, ando por el barrio con el libro bien apretado en la mano, dedicándome un tiempo especial.
Tal como en los tiempos de estudiante de Ed, en los míos también había un Café Corso. Y las vueltas de la vida a mí también me llevaron a trabajar de camarera en una isla en el mar del norte (les juro que no sabía que Alemania tenía islas, aparte de Sylt y Helgoland!) y es curiosa todo esta cultura de "los islenios" que se quieren contrastar contra "los continentales" como gatos y perros. Además el turismo masivo crea ambientes muy insólitos, una mezcla rara, por lo menos para mi, que en vez de libre, me sentía más sofocada en este pequeño espacio sin salida. Aunque claro, en el ‘89 habría sido otra cosa que nada que ver. No conocí a ningún Kruso. Pero que el restaurante era un barco, eso sí, era con una cubierta revestida por vidrio a la vuelta, por encima de las dunas con los cargueros y faros a la vista, con copas que titilaban con el movimiento invisible que no era del viento. Igual que en la novela, el capitán había lo mismos shows para los clientes del día. Y al no permitir autos, había también las carretillas de mano y los carros tirados por caballos-osos. Igual que en la novela recogían el Sanddorn (Hippophae rhamnoides) de los arbustos que abundan ahí y hacían dulces, mermeladas e licores que junto al aire saludable curaban los cuerpos de los turistas. (Pero al contrario de como es en la novela en mi restaurante se comía todo tipo de pescados cuyos nombre me costaba aprender. En mi isla también hubo curiosidades, por ejemplo naufragó un carguero de contenedores y las playas se llenaron de huevos Kinder.)
Pero estas novelas buenas me suelen hacer también mal, porque son los que me tocan mueven desde el interior, algo que no todas las novelas consiguen (como por ejemplo lo hizo la novela de Joyce Carol Oates que leí hace poco). Así como no es todo tan lindo y por ahí en la segunda mitad se comienza a trabajar la experiencia difíciles, logro a afectar a mi animo, ni hablar de la tristeza de acabar la novela. Creo que lo bueno de la novela está justamente aquí. Seiler no para de narrar donde se supone que acabó la trama central, no inventa un final fácil. No pone un final abierto o cerrado, pero algo inesperado (Ed no encontró exactamente lo que buscaba, pero algo encontró). Y después el epílogo – raramente me gustan – no encara desde lo fácil, me pareció bien logrado.
Si tengo que elegir también su punto débil, la única parte que me pareció un poco tediosa eran los recuerdos de infancia de Ed, y la seriedad absoluta de su carácter.
En fin, cerré el libro y pensé que quiero leer más, urgentemente. Pero Sailer es poeta y ensayista, Kruso su primera novela. Yo y la poesía no nos entendemos, voy a tener que leer sus ensayos tal vez.




19 febrero, 2018

Terézia Mora - El monstruo (2013)


Las páginas de El monstruo son dividas en dos, por la horizontal las separa una raya negra (como en El diario de un mal año de Coetzee), arriba se cuenta de una perspectiva, abajo de otra. Dos discursos, dos voces, dos vidas. Uno acabó, el otro resta. 600 y tantas páginas, edición de tapa dura, dos marca-páginas de hilo, uno para cada historia.
Es la historia de Darius Kopp y Flora. El hombre mediocre y normalísimo de la antigua RDA se queda perdido en la vida después de haber perdido su mujer. Después de un tiempo enterrado en su casa sigue un impulso y arranca a viajar por Europa del Este. Ella era húngara-alemana. Sigue y sigue el viaje sin destino, lo único que le hace sentirse bien es estar en movimiento, ver cosas nuevas, estar lejos de aquella vida en Berlín que, como los otros esperan, debería continuar como si nada, buscar trabajo, etc.. Además aún tiene que decidir donde dejar las cenizas de su mujer.
Y es difícil lo que se propone Terezia Mora, entender, o contar convincentemente sobre el matrimonio de alguien que pone fin a su vida. La historia de abajo es el diario que llevaba la mujer en archivos sueltos en la computadora. Quedan textos blancos espacios blancos cuando ella no está.
Durante el viaje el hombre alemán de sobrepeso que se siente muy en casa en su Mercedez muestra cada vez más sensibilidad, "hace" el duelo. Cada vez necesita menos lujo y comodidad, es social, se hace amigos.
Será que él no sabía que ella estaba tan mal. Es un insensible que no ve la violencia cotidiana de la sociedad? O no la podía ayudar mas que siempre ser él mismo, ser la continuidad. Se amaban? Ella lo amaba igual a él que él a ella? Eran los dos egoístas pero dependientes uno del otro, o eran personas demasiado diferentes viviendo más al lado que juntos? Ella apenas lo menciona en el diario.
Es un libro triste, bastante triste, pero no solo. Tiene sus observaciones cómicas, tiene sus descripciones sarcásticas del mundo psiquiátrico. Fragmentos de libros de auto-ayuda, etc. El tipo es bastante caricatural. Por épocas ingeniero en telecomunicaciones inalámbrica, por épocas desempleado, rosado y gordo, simple. Siempre en simbiosis con su auto. El viaje lo lleva a los Cementerios de Budapest, a Albania, Croatia Bulgaria, Turquía, Grecia, Georgia, Armenia.  A veces casi lo roban, as veces lo reciben como un hermanos perdido.
Se prende a la primera chica que conoce, porque lo hace acordar a su mujer. La chica Oda que en algún momento se va a su propia vida y lo deja a Darius en el aire. En algún momento se junta - aleatoriamente con un hitchhiker cuarentón, y e contenta con hacer lo que este le manda y con pagarle la comida. Hay mucho de absurdo en la vida cotidiana.

Con esta novela, la autora húngara-alemana ganó el premio alemán del libro 2013. El lenguaje está buenísimo, a veces cambia de tercera persona a primera y del estilo nominal al coloquial dos veces por frase y queda bien. También tiene un amplio vocabulario, usa muchas palabras que no conozco (en alemán).
Sin embargo, no me dio de pensar tanto como espero que una novela de 600 páginas me de de pensar. Me parece que Flora quedó demasiado perfecta, demasiado sufriente, una vida de mierda, claro, pero en algún momento eso cansa al lector. Pero bueno, solo leemos el diario, no hay mucho registro de cuando los dos estaban bien. La recomiendo a pesar de mis sinembargos.
No lo sabía hasta poner el nombre de la novela en google: Esto es la segunda parte de una trilogía con el protagonista Darius Kopp. Así que ahora me pongo a buscar el primero.

25 abril, 2013

Max Bronski - München Blues





Es el tipo de libro que que normalmente no leo. Novela "popular", de esas que se compran en estaciones de tren, llena de regionalismos estereotípicos, livianita y llana. Una historia situada en Munich, afirmando bien los elementos culturales constitutivos, un poco de patriotismo, unos chistes baratos, un poquito de violencia y voilá, un éxito de ventas. Algo me tentó y probé, aunque no me considero en absoluto lo que se dice patriota, ni cerca
Es un libro rapido, cortito, para leer en una tarde. El idioma no es ni dialecto bavario, ni alemán standard, es algo entre medio, usa palabras muy de dialecto, pero otras las pronuncia en alemán neutral, lo cual confunde un poco.
El protagonista es un hombre de mediana edad que tiene una tienda de compra y venta de cosas que encuentra por ahi y a la que puso en nombre de antigüedades porque vende mejor. Vive en el barrio de los viejos mataderos, cerca de donde se hace el Oktoberfest cada otoño. Una noche de esas encuentra frente a su puerta un hombre en estado de ebriedad extrema, golpeado y robado. Lo ayuda a recomponerse y le llama un taxi. Resulta que fue un diputado importante y por eso empieza a aparecer gente rara en la tienda del protagonista, quien después de investigar un poco encuentra que el buen hombre político está metido en unos negocios sucios de inmuebles. Pronto se ve involucrado en toda la historia.
El genre lo clasificaría como una mezcla entre novela negra y comedia.
Tiene humor, sobretodo humor de situacion, algunas veces si me tuve que reír, como cuando el protagonista le caga a palos a otro, pero este jamás suelta su vaso de cerveza de trigo. Pero algunos chistes eran muy onda "aja, acá se supone que me tengo que reír" por ejemplo cuando describe un supermercado orgánico como algo que un verdadero Bavaro detesta de alma. O cuando imita el idioma de un turco que lo acecha con un palo de Baseball..
Los ingredientes son simples y clásicos, los malos son los políticos y los ricos, hay un expediente importante robado y publicado por el amigo que es hacker, una excursion al entierro del muerto a quien el protagonista es sospechado haber matado para encontrar su verdadero asesino, y ligar con la secretaria del jefe para conseguir información, después hablar con este cuando está desprotegido y en el sauna municipal...
Un libro así tiene que ser cortito y no puede tomarse a sí mismo demasiado serio, por eso no entiendo mucho la gente que le escribe las críticas tan duras, esperaron encontrarse con una joya de literatura moderna sofisticada y reflexión profunda, en serio?
Es cierto que los personajes no tienen mas que una o dos características y apenas describe algo y que en total son muy pocas páginas porque la historia termina con final medio abierto, pero no me había esperado mas, y a mi también me gustó que menciona el barrio de Munich donde en este momento de lectura me encontraba (esperando el tren) y menciona a la calle en la que vivía cuando era chica y hasta hay personajes de Augsburg, la ciudad donde vivo ahora. Después de todo para este sentimiento uno se compra el libro.
Ahora el autor no es tonto, ha hecho una serie con el mismo protagonista, en uno de estos libros es verano en Munich y hace mas calor que nunca, en otro es invierno y hace mas frío que nunca (como en uno de Jo Nesbo) y el protagonista trabaja como Papa Noel y pelea con los ricos que roban donaciones navideños,. etc. 
Para mi creo que con este libro ya fue suficiente, me imagino como deben de ser los demás del autor.

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