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30 julio, 2018

Martin Walser - Seelenarbeit (1979)


Xaver es chofer privado de Dr. Gleitnitz a quien admira y teme simultáneamente. Después de un largo día manejando de la frontera con Suiza hasta Frankfurt, Duesseldorf y Colonia, Xaver quiere volver a casa y estar con su mujer, pero sus jefes no paran de inventar más urgentes traslados, "ahora llévenos a Munich y después tiene que buscar a un colega de Zurich, y va dormir en el hotel porque al final solo volvemos a casa mañana" así van y vienen toda las semanas por las autopistas del país. El estrés del trabajo hace que sufre de problemas intestinales, pues durante sus viajes no paran para ir al baño y de ningún modo podría pasar la vergüenza de pedirle a su jefe que se detengan, porque, en fin, él es un conductor de excelencia, y aunque sus tripas se han puesto en su contra ya está a punto de explotar, mantiene la sonrisa.
Lamentablemente la tensión narrativa del primero capítulo se va perdiendo. Los personajes no me llegaron, el autor no logró que me interesaron el cuarentón y el cincuentón en su auto, ni sus familias, por ejemplo el cuñado insoportable, orgulloso y mentiroso que vende seguros o el otro que puso mandar a los hijos a una escuela privada en Suiza donde hablan francés.
El fiel y responsable Xaver da vuelta en su cabeza a las hipótesis de tener éxito y fracaso, tenso, revuelve sus conflictos interiores "no debería estar tan tenso, debería aceptar las condiciones, no, no debería aceptar las cosas.. ¿Cuánto se debe esperar de la vida? Hay que pensar en todo lo posible y esperar lo peor?" En fin, se trata de problemas en que cada adulto de mayor o menor medida se puede reconocer, pero el lector pronto nota que el mundo interior de Xaver que siempre circula en torno de las mismas inseguridades sin dar un paso más allá. Es el Dr. Gleitnitz aquí y allá, los intestinos, la distancia que siente de parte de su esposa e hijas. Xaver teme enloquecer porque su imaginación de cómo las situaciones o conversaciones podrían tener terminado no para nunca y al final todo sigue igual... Está trabado entre intención y acción.
Porqué me metí en 300 páginas de esto? ufa, pensé.
Es la eterna e inevitable envidia de la clase trabajadora hacia la clase superior y el odio hacia su comportamiento, mezclado con un auto-odio y "un al final no estoy tan mal, pues tampoco quiero ser como ellos". 
La patria y el hogar parecen ser temas importantes para Walser que vuelve siempre a escribir sobre su pueblucho ahí en la sierra del lago Constanz, sus antepasados de Prusia y el hermano que cayó en la guerra. Para mi es algo bien raro leer una novela en dialecto de Baden-Wuerttemberg e de Baviera, y leer sobre el mismo ambiente de arrogancia, de machismo y malas palabras del que huí. (Se menciona a Augsburgo, donde fui a la escuela, muchas de las referencias a lo largo de las rutas conozco). Había agarrado el libro porque me gustó su titulo y porque me sonaba ese autor como autor serio, aunque no recordaba de donde. Intenté leerlo adaptando una perspectiva más bien "sociológica" sobre el país que adora a sus automóviles y las familias típicas. Y al final, creo, la novela no es tan mala. El humor tarda en llegar a la luz, pero llega. Anoté muchas palabras de vernáculo que mi madre usaba, pero que yo nunca usaría y me fui olvidando. La mujer de Xaver, arquetípo de la buena esposa, campesina e pianista, trabaja el día todo y le sale de manera "natural", y no tiene jefe.
Me faltó cierto placer literario en esta lectura. Aunque no creo que Walser no sepa escribir, él logra una continuidad en el texto, como alguien que escribe mucho, y tiene imaginación y tiene variedad. Retrata los personajes de manera que con pocas frases y observaciones picantes me los imagino perfectamente y parecen siempre coherentes, pero es que con este tipo de personas no quiero tener nada. La manera de ser de sus hijas adolescentes, una Julia rebelde y aventurera, falla en la escuela y la otra, Magdalena, el moralismo en persona que intenta educar a sus padres, es divertida. Pero tampoco me causaron mucha curiosidad, y, excepción hecha del protagonista, ningún personaje se transforma durante la novela, quedan como retratos fijos.
Me gustó que el final de la novela es bueno y malo al mismo tiempo, no es algo muy previsible y no es mérito de Xaver.
En resumidas cuentas diría que no fue un libro en que me sentía "en casa", cosa que más tiene que ver con temas y formas de ver las cosas que con el idioma, aunque también con el idioma. Quizás no tengo edad todavía para leer estas cosas. No sé si intentar con otro Walser o no.

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