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09 octubre, 2017

José Luís Peixoto - Livro (2010)



Aquí en Portugal, Peixoto es referido por lo general, como una especie de niño prodigio da literatura portuguesa. Este año, al cumplir los 43 años, llegó a tener 10 novelas publicadas, y unos cuantos libros de poesía. 
El Livro comienza con una cita de Julio Cortázar, y no sin razón. La literatura cría puentes. Y muchas veces son puentes que conectan con París. A contratapa cuenta de la historia forma más aburrida posible. "Emigración económica y política a Francia.., historia de amor.. se ultra-pasan las fronteras literarias." Si si. Ya tuve esta novela en mis manos muchas veces, en la feria y después en la biblioteca, me fue recomendada, pero no me convencían. Lo mismo ocurría con la otra novela de destace del autor, el Cemiterio de pianos. Ahora, que ya lo conozco, no me importa ya la contratapa, ni el tema, quiero leerlos todos.
Me quedé enamorada. Enamorada de la imagen del autor que se hace en mi cabeza - que no tiene porqué corresponder con ninguna realidad. Tanta levedad y belleza en la escrita, lírica, tan envolvente las intrigas. Me acordé de O meu irmão de Afonso Reis Cabral, (y un poco también de Intemperie - quizás por el retrato de la vida aldeana). El livro se instala en el interior de Portugal es testigo, a lo largo de décadas de los habitantes de la villa (sin nombre), sus partidas y retornos.
Ahí esta, el amor entre Ilídio y Adelaide, dos adolescentes "marginales"; él, abandonado por la madre en la fuente nueva, se cría junto al pedrero del pueblo, y ella es mandada a la villa a los 13 años para ser sirvienta en la casa de la tía. A laburar la vida. Realismo.
Están los mejores amigos de Ilídio, el Cose y el Galopim. El Galopim es “simple”, tiene palomas y un hermano, condenado a un cuerpo con discapacidad física, que mira con lo ojos que suplican salir del cuerpo. El Cosme es el mejor amigo, hijo de una familia un poquito más acomodada, hasta estuvo algunos años en Coimbra a estudiar. Es leal y de corazón grande, aunque a veces haga chistes estúpidos o se queja de las circunstancias. Están el padre, el alcohólico “aquele da Sorna” y la vieja Lubélia.
Enamorado hasta las orejas, en una noche en la Casa do Povo, Ilídio le da un papelinho a Adelaide, "Se namorares comigo, dou-te um pombo, cem escudos e um livro". Ella asiente y así proceden, siempre a escondidas. Cuando el enamoramiento le parece demás, la tía manda a la sobrina a Francia, sin decirle a la chica nada y ésta sin hacerse una idea de que le está pasando, que es eso, Francia? La vienen a buscar gente desconocida que la llevan en camión y a pie a salir del Estado Novo salazarista e confrontar un destino desconocido, sumisa, mujer.
De vez en cuando el autor y a veces desvía la mirada, para contarnos – en una frase o dos, detalles que no tienen nada que ver con el avance de la historia, me nos sonsacan una mueca de risa y nos hace acordar quien es narrador (que nos tiene enganchados y si le canta la gana nos puede dejar en suspenso y comenzar a contar disparates), por ejemplo que el obrero en algún momento escupe y que el escupitajo en la piedra se va secando y cae en el olvido. O que el Ilídio, cuando vuelve de Francia ya adulto, con dinero de construirse, finalmente, su propia casa en la tierra, después de contarnos como encuentra y compra un terreno o como hace planes y como se llena de polvo y cal, nos cuenta como lleva los escombros de la construcción a un baldío y los tira abajo de un árbol.
La velocidad varia, después del tiempo de aldea que se rige por las épocas de la huerta y de la matanza de puerco y del frío y del calor, de repente arranca con todo, otro tiempo es el viaje, los lobos, el sexo, brujas, muertes, fascistas, Guardia Civil, adultos y "cachopos" hasta que va demasiado rápido para mi gusto. Los años 60-70 en Francia tuvieron otra velocidad. En 1990, eran casi 800.000 mil portugueses contados en Francia.
El libro tiene una segunda parte que en realidad ocupa menos de un tercio del libro y es, como el propio narrador describe una experimentación auto-referencial un poco desequilibrada. Llena a referencias a la literatura y que viene a contar desde una nueva generación, poniendo en duda parte de lo que pensábamos entender en la primera parte:

“A segunda parte consiste num desequilíbrio estrutural injustificado, experimentalismo fora de tempo. É nesse ponto que o romance atinge níveis intoleráveis de arrogância. Para lá das constantes referências a autores que ele, nitidamente, desconhece, num exercício fútil de name-drop, esperteza de google, o clímax de insensatez é alcançado numa espécie de auto-crítica que, fazendo parte do romance, se refere ao próprio romance. A auto-referencialidade e o pós-modernismo têm as costas largas.” (227).

Yo creo que el libro estaba muy buena, dispensando de esta operación, dispensando de toda esta segunda parte, que acumula fragmentos que el autor no quiso dejar fuera. Encima le habla al lector y me parece un gesto de destruir todo inútilmente. Sin embargo encontré ahí también frases con las que no pude no reírme. De repente se cuestiona quien es el narrador, viene un “yo”, hijo de Adelaide, que en la primera parte había sido un “él” “imparcial”. Nació en el 1974, justo cerca de la fecha de la revolución de Abril y de la fecha del nacimiento de Peixoto. El livro, objecto que une a Adelaide e Ilídio en amor eterno, nunca fue leído por ella. El hijo de Adelaide, ha aprendido a ser lector en francés y portugués, a ignorar a su padre parisiene, comunista-tirano, que humilla a Adelaide y al hijo durante décadas y llega a la última parte de su vida creyéndose el mismísimo Lenin. Madre (ya con otra identidad de clase incorporada) e hijo se liberan de la opresión, lo meten en un asilo de locos y vuelven/van a vivir a Portugal. Los viejos se mueren y los hijos se hacen grandes, en la villa, los automóviles se tornan comunes.
En mi opinión:
La mejor escena: la muerte de la vieja Lubélia. El peor detalle: el carácter de Ilídio llega a ser tan perfecto que dejó de ser interesante.

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