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29 julio, 2018

Samanta Schweblin - Pájaros en la boca (2009)



Comencé este libro porque quería leer en castellano y no tuve otras cosas a mano. Ya leí algunos textos de Samanta Schweblin que no me parecían nada malos. Además me gustó el diseño de la portada. Su otro libro de cuentos, el más reciente Siete casas vacías me gustó bastante. En cambio, su novela corta Distancia del rescate  me gustó menos. 
Los cuentos de Schweblin encaran el miedo, lo siniestro, lo extraño y hasta el horror y la violencia en lo cotidiano, en el trabajo o en la familia. Muchas veces se ambientan en el campo o en la ruta, pero también en casa, donde tenemos nuestro espacio más protegido y las relaciones más intimas, que es donde estamos más fuertes, pero también más vulnerables. Son narrado muchas veces desde un yo y normalmente en situación de pareja, o sea en una primera persona que se define en plural, yo y mi marido/etc.
Como suele pasar con recopilaciones de cuentos, algunos me parecieron están bastante buenos, otros menos o nada. En todo caso, cuanto más leo de la autora, más me parece ser todo apenas más de lo mismo. Me imagino que ella debe tener decenas o cientos de estos cuentos en casa, preparados para publicar unos cuántos cada par de años. No quiero decir que se repita estrictamente, esto seria un exagero y una falta de reconocimiento. Me siguen gustando su estilo y sus temas, pero a veces los cuentos son del tipo: todo estaba bien y de repente apareció un monstruo y se comió a mi novio. O una variación de: todo estaba bien y de repente mi madre, mi hija/etc. se convirtió en un monstruo.
Siempre hay algo de repente funciona al revés, o anda en circulo o deja de funcionar, se convierte en un isla de abandono, o algo. Se repite el mismo mecanismo. Decir esto quizás ya es spoilear(?). Por eso son cuentos para leer cuando se tiene ganas de algo así, pero mejor no todo en un mismo día. Me parece que la autora es tan halagada que su reputación levanta muchas expectativas.

De mis apuntes:
Irman, el primer cuento me gustó bastante, pegó justo en lo que esperaba cuando abrí el libro. Me gusta cuando los narradores no se hacen los inocentes.
El segundo cuento, Mujeres desesperadas, también me gustó mucho. Tiene su toque de absurdo.
El tercer cuento me gustó mucho menos. 
En la estepa parece que no tiene nada que contar.
También el cuarto - Pájaros en la boca me gustó menos, porque su titulo revela todo, no es más que eso. Este cuento, junto con Sueño de revolución, El cavador y Perdiendo velocidad - que a mi ver es pésimo, y además me pareció ya  haber leído algo casi igual en algún lado, son pedazos de narracion abandonadas en el medio. Cuando esto ocurre solo después de dos o tres páginas, el cuento raramente queda bien, o tiene que concentrar mucha fuerza para funcionar. En mi opinión estos parecen ser "meros" ejercicios de escribir, escribir a partir de un titulo o de una frase, solo una escena. (Ya leí cosa mucho peores, no quiero ser injusta, pero esperé más de Samanta Schweblin porque me gusta su escritura).
Cabezas contra el asfalto, es sobre un pintor con problemas de adaptación social y me encantó, me parece muy bien logrado, estilo "airiano" diría.
La medida de las cosas me aburrió, hay un episodio del dibujito animado para niños Jorge el curioso muy parecido.
Matar a un perro me gustó bastante, aunque es un poco previsible.
Hacia la alegre civilización es totalmente levreresco (ya sé que uso mucho esta comparación, quizás porque no conozco demasiados cuentistas y novelistas de este estilo), pero la verdad que me acordó mucho a Levrero (el tren!), también podría decir que son kafkianos, pero leí poco a Kafka y Levrero está más cercano en tiempo y espacio cultural. 
La pesada valija de Benavides me gustó mucho, no hay que confiar en los médicos ,arte y vida, contexto
Conservas me encantó. Porque es algo que ya imaginé y es bien absurdo, pero contado como algo normal.
En Mi hermano Walter se aplica otro recurso repetido: en la ultima frase la misma lógica que sostenía el cuento hace que todo se entorna y se vislumbra que los que estaban mal a costo de alguien ahora van a estar bien por cuenta de otros. O que la salvación se torna condena y viceversa. Parecido también funcionan Mujeres desesperadas y Hacia la alegre civilización.
Papa Noél duerme en casa me dejó indiferente.
Bajo Tierra está bien, pero como cuento final solo es más de lo mismo.

En fin: recomendable, pero solo para ciertos momentos, ciertos lectores.



03 junio, 2017

Samanta Schweblin - Siete casas vacías (2015)


Schweblin me fue recomendada junto a Selva Almada, es de la generación de jóvenes escritor@s argentinos nacidos en los '70. Ella tiene apenas 38 años y un montón de libros, audiovisuales publicados y premiados. Actualmente vive en Berlín. Quizás elegí el libro porque de chica siempre pensaba que me gustaría llamarme Samanta, no sé porque, me gustó mucho este nombre. Con un total de 128 páginas, el libro alberga siete cuentos siniestros, de un tipo de terror o locura justamente en la casa, el espacio más intimo en el seno de la familia o de la cotidianidad eligida, donde queremos sentirnos acogidos.
Bueno, algunos me gustaron más, otros menos. Fui leyendo uno por uno antes de dormir, agarrando gusto a lo macabro, desencajado. En Nada de todo esto, una hija acompaña a su madre en el su afán de invadir casas ajenas y apropiarse cosas. Es medio raro, pero como es corto, deja una buena impresión de lo raro que es cuando los niños tienen que cuidar a sus padres; en Mis padres y mis hijos, un hombre y su ex-pareja se encuentra con una situación rara. Sus hijos y sus padres andan escondidos y desnudos en el jardín, es todo normal y un juego inocente o no?; Pasa siempre en esta casa no me gustó mucho, son pocas páginas y no pasa mucho. La respiración cavernaria es un cuento más largo, hace entrar en el mundo de los viejos y esa fragilidad es mismo asustador, esa espera de la muerte, el alejamiento de las palabras y las cosas, la progresiva soledad y falta de control y una misteriosa historia con los vecinos y la chocolatada. Me gustó mucho. Mi preferido es Un hombre sin suerte con una narradora de primera persona es una niña de ocho. Este cuento venció en el concurso Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo 2012. Y el último, Salir, también me gustó, ritmo que subyace a las acontecimientos nos hace entrar en un flow de conciencia en que podemos concentrarlo en la brisa que toca el pelo de los brazos o obtener el control sobre nuestro monologo interior y lo que sale de nuestra boca, como en un sueño, pero sin cansarnos.
En todos los cuentos nos encontramos con casos que rozan la ambigüedad de lo fantástico, pero situaciones que sin espacio a duda, existen y nos son familiares. Ninguna de las casas es habitada por familias "normales" del tipo que se ve en las publicidades o que el Estado se imagina como su pequeña unidad base; la gente se divorcia, se separa, se retira, migra y se junta otra vez y se inquieta por su propio idealismo. Y así pasa con las cosas y objetos que pertenecen a los espacios domésticos o personales, no sostienen a a gente.
Recomendable!


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